EL GESTO TIPO

Del mismo modo que en cada individuo hay siempre una modalidad de ademán que se repite a cada instante, especie de «tic», de rasgo o de actitud que lo caracteriza y al que debe muchas veces el origen de su mote o apodo, en cada escritura hay también una modalidad de rasgo o de letra que llama la atención porque imprime al trazado una fisonomía especial que ningún otro podría reproducir de la misma manera.
Ese «algo» especial, característico de cada persona y de cada  escritura, se denomina «gesto-tipo», gesto que nos refiere particularidad animica especial, que refleja un peculiar modo de reaccionar del sujeto. Se puede decir que el «gesto-tipo» es «la marca de la personalidad». El «gesto-tipo» puede señalar impulsos, tendencias, instintos, necesidades, gustos e intereses individuales muy marcados, y se presenta entonces como un «gesto-tipo fuerte». Pero puede tanto  bién revelarse como un gesto-tipo «débil» e  indicamos el lado más «sensible» del sujeto (sus complejos, sus fallos, sus insuficiencias o «defectos»).
En el primer caso, el «gesto-tipo» se destaca por su brío, por su fuerte preponderancia sobre los demás gestos y actitudes «gesto-tipo» + : más). El «gesto-tipo» + (más) se presenta en la escritura bajo los síntomas de una presión, dimensión, forma o estructura que llama la atención y que hace girar todo el trazado en torno a la letra o partes de letra en que se manifiesta.
El «gesto-tipo débil» (-), cuya fisonomía expresa siempre un algo especial de insuficiencia, de debilidad, inseguridad o temor, se puede presentar en el grafismo en forma de «fallo», interrupción, debilitamiento, suspensión, brisado, torsión, etc., de ciertas letras o partes de letra. El «gesto-tipo» débil prevalece en aquellas zonas o esferas simbólicas de la escritura donde el individuo se siente inferior o poco seguro. Por tanto, este «gesto-tipo» expresará, regularmente, una manera de reaccionar inadecuada, inadaptada o incompleta en el  terreno en el cual se manifieste.
Por otro lado, allí donde se producen con frecuencia los fallos de la pluma (retoques, interrupciones, desviaciones, etc.), pueden descubrirse ciertos conflictos psicoafectivos, es decir, oposiciones entre el acto intencional momentáneo y determinadas inclinaciones o temores de origen inconsciente. En fin, cada «fallo» representa, en sentido general, un «lado débil» de la personalidad.
Los «gesto-tipo» pueden producirse, sobre todo, en aquellas zonas donde están representados simbólicamente los otros, el mundo circundante, el no- Yo (zona Final), en la esfera de la conciencia más cercana al sentimiento y a la adaptación del individuo a la vida cotidiana (zona Media), en la esfera instintiva sexual (zona Inferior), etc.
Tanto los «fallos» como los excesos revelan inadaptación. Los «fallos» sobre la zona Media (y deben considerarse como fallos» las  interrupciones, los cortes, los lapsos de cohesión, brisados, retoques, torsiones, desviaciones sinistrógiras, letras suspendidas, inacabadas, etc.) deben estudiarse con cuidado y sin olvidar la lupa. Sobre esta esfera o zona podemos descubrir con mayor exactitud el  desenvolvimiento de la conducta emotivo-sentimental (ética) y el grado de adaptación al ambiente, y he aquí por qué resulta tan importante el estudio aislado de ciertas letras reflejas, tales como las relacionadas con la expansión del sentimiento y con la veracidad (letras «a», «o»), las relacionadas con la conciencia moral y el amor propio «s» minúscula), con el sentimiento del deber «v» minúscula), etc., añadiendo aquí la
importancia esencial del Coligamento y de las letras de óvalo y jamba y de óvalo y hampa «d» y «g»).
Es importante también revisar con atención la forma de producirse el enlace de las letras, especialmente la manera de unirse los trazos que provienen de la Zona Inferior (instinto), de la Zona Inicial (deseo), de la Zona Superior (idea, representación) a la letra siguiente.
La zona o zonas a donde se dirige 'la pluma para iniciar las mayúsculas tiene un valor simbólico importante. Si tenemos en cuenta que el impulso inicial refleja inconscientemente la esfera de donde procede la inspiración de los actos, éste puede partir de la zona del espíritu, de la esfera del pasado, de la esfera del sentimiento o de la zona del instinto. En el primer caso los actos están inspirados por deseos de tipo espiritual, ideal o intelectual; en el caso segundo la inspiración de los actos surge como resonancia motivada por los recuerdos; 'los deseos parten del corazón, inspirándose en  emociones retrospectivas, en el tercer caso. Y finalmente, en la última, el impulso instintivo dirige los deseos. En el mimetismo de los finales de letra reconocemos la manera cómo el sujeto exterioriza la acción.
El simbolismo de las zonas iniciales y finales puede resultar arbitrario si no se tiene en consideración el ambiente gráfico general de la escritura.
Cuando el «gesto-tipo» es «fuerte» (+) revela el plano hacia el cual el individuo desplaza preferentemente su libido, o acumula sus tensiones internas (dimensión, presión).
Cuando el «gesto-tipo» es «débil» (-) nos señala el plano de la personalidad que falla, el más vulnerable, la esfera donde radican sus complejos, sus minusvalías.
Debe tenerse en cuenta que en una misma escritura se pueden presentar a la vez los «gestos-tipo» fuertes y débiles, pues, en la mayoría de los casos, los sentimientos de insuficiencia llaman en su favor una necesidad de compensación que, muchas veces, se presenta en el plano opuesto en forma de tendencia excesiva, y otras, sobre el mismo plano en que el «gesto débil» se manifiesta.

De “Escritura y personalidad”
Augusto Vel


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